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Aqueous Transmission

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Panteón: Grecorromano
Personajes: Hermes. Todos los Olímpicos más Eros
Resumen: El día que el Olimpo se pasó al e-mail
Warning: Muchos malos recuerdos del Internet de los 1990's

Ciudad de Atenas, 1997

-Señoras y Señores del Olimpo, Dioses y Diosas menores. ¡Les presento el Internet!

Así inició Hermes su presentación en la Oficina de Zeus, apuntador laser en mano y señalando una presentación de transparencias detrás suyo. Podía sentir las miradas sospechosas de los pocos compañeros de panteón que habían sobrevivido al paso de los siglos. Sufrió de déjà-vu al recordar las veces que les presentó cosas nuevas como el teléfono y la televisión.

-Una preguntita antes de empezar, mis señores. ¿Quiénes de ustedes están familiarizados con el término?

Unas manos se levantaron y Hermes las contó. Eran cuatro. El doble de lo que había estimado, y la verdad hasta era gracioso los que no se esperaba, considerando ciertos usos populares para el servicio.

-Okay, vamos a explicarlo para los demás. El Internet es un relativamente nuevo medio de comunicación mortal que se ha puesto recientemente de moda. Ya supongo que todos han visto los computadores. Pues bien, ellos han conseguido un modo de unir varios de éstos en una red telefónica, lo cual permite que ellos se comuniquen y pasen datos entre sí con poquito tiempo de diferencia. En sus orígenes se llamaba ARPANET, y fue algo que desarrollaron los amiguitos del Señor Ares en el ejército estadounidense, por allá en el año ’69, entre un par de nodos en California. Luego se siguieron trabajando en los protocolos y todas estas historias, hasta que en la década de los setenta…

Hizo una pausa para ver cómo iba el público, y todos menos dos se estaban empezando a quedar dormidos. Incluso Zeus tenía el ceño fruncido.

-Um, sí, ya lo pillo, suficiente de historia entonces.

-¿Ah sí? A mí no me parece en nada aburrido tu discurso, Señor Hermano –intervino Atenea, acomodándose sus gafas sin graduación.

-Si me invitas el almuerzo, te lo termino de contar mañana al mediodía, Señora Hermana. En fin, Internet. Resumiendo, es una red que ata computadores, y ahorita se puede acceder a lo que tiene que ofrecer por una pequeña cuota al proveedor. ¿Alguna duda?

-Yo tengo una, Señor Hermes –habló Hera, altiva como siempre-. ¿Qué tienen que ver estas redes con su dominio? Parece más vinculado con las chatarras de Hefesto.

-Vamos a eso, mi Señora Hera –presionó un botón del control remoto y la diapositiva cambió-. Como mencioné, es un medio de comunicación masivo. No sólo con ello, ahorita le llaman los mortales al Internet la “superautopista de la información”. Como antiguo dios de los caminos y de la elocuencia, es más que natural que me sienta atraído hacia la intersección de ambas cosas. Además, está empezando a florecer el e-comercio, otra cosa mía. Pero poniendo estas vainas aparte, creo que nuestro nuevo Olimpo se puede beneficiar enormemente con esta tecnología y por eso se los traigo hoy.

Pasó otra diapositiva.

-Para comenzar, sé que algunos llevan años usando el teléfono para comunicarse, y no puedo mencionar lo mucho que se los agradezco. Otros, cuyos nombres no pienso mencionar, tienen estas paranoias con las líneas cruzadas o se frustran con el tono ocupado, lo que hace que un servidor tenga que seguir llevar cartas innecesarias del timbo al tambo. Esto se puede solucionar con el e-mail, y los mensajes llegan hasta de inmediato.

Señaló la pantalla.

-Después de aprender a programar, ya he instalado un servidor de correo electrónico privado en beta que podemos usar, sin miedo a que mortales lean nuestras cosas. El correo de Internet no puede reemplazar del todo al normal: no puede llevar paquetes, por ejemplo. ¿Pero lo que es texto? Perfectamente, y hasta pueden cambiarle los colores y tamaño si se les antoja; a mí me gusta poner caritas felices para énfasis. ¿E imágenes? Tendría que enseñarles a usar un escáner, pero claro que es posible. Digo, ya que tengo que enseñarles a usar la computadora a casi todos…

-Yo puedo echarte una mano con algunos, Hermes –levantó la mano Apolo, que no era tan experto como Hermes pero tenía computador y había navegado un poco.

-Se agradece, bro. Ah, y cada cuenta requiere una contraseña, así que sólo ustedes pueden leer su correo. Si se aprueba esto, yo me encargaría de registrar un dominio para que todos puedan acceder a mi compu para leer sus mails desde casa o la oficina. Por ahora sólo tendría el servidor de correo, pero si los mortales siguen inventado más ideas bonitas, pues las podría implementar y colgar ahí.

-¿Como una página web con fotos y videos, Señor Hermes? –preguntó Afrodita.

-Hmmmm, me refería a algo como unos foros o mensajería instantánea. El problema con las páginas web es que cualquier persona puede entrar y leerla, y desde luego eso es lo que menos queremos. Es información pública.

-Ah, creo que entiendo… -suspiró ella resignada- Oh, bueno, igual tengo una página de mi fanclub –porque Afrodita estaba trabajando de supermodelo en Milán.

-Pues yo no lo entiendo –intervino Eros-. No todas las páginas son públicas, Señor Hermes. Me he topado con unas que hay que pasar la tarjeta de crédito para ver el contenido.

-Me refiero a las normales, no al porno –rió Hermes-. A no ser que quieran que nos tomemos fotos desnudos y hagamos una.

-Serás cerdo –dijo Artemisa, descansando de arrojarle bolitas de papel a la cabeza dormida de Dionisio con una cerbatana casera.

-¡Si crees que vas a tomarle fotos a Afrodita con esa excusa –gritó Ares-, vete preparando para la paliza que te daré! –A su lado, Hefesto puso los ojos en blanco ante los celos de su hermano; más parecía el otro el esposo.

-Era una broma, Señor Hermano Ares. Y… bueno, ya está. Internet tiene muchas cosas buenas que ofrecer, pero vine a traer en bandeja de entrada, si me permiten el chiste, lo del correo electrónico, que es más rápido de lo que yo he sido desde que perdimos nuestro poder. Lo pongo a juicio del consejo –hizo una reverencia.

-Entonces, vamos a votar –ordenó Zeus a sus hijos y hermanos, y se arregló la corbata.

-Yo no veo nada que objetar –dijo Hades-. Voto al sí.

-Pero esto del Internet involucra cables –se quejó Poseidón-. Cuando esté en el mar, no me van a llegar estas cartas misteriosas porque no puedo conectarme. En mi opinión debemos apostar al teléfono celular, así que voto al no.

-El Señor Eros ha hablado de pornografía –dijo Hera, agria-, y estoy segura que mi Señor Esposo conseguirá seducir jovencitas mortales más fácilmente con esta red. Voto al no.

-Me pregunto si se podrán poner estas internetes en mi rancho –dijo Deméter-. Voy a abstenerme al voto hasta saber si es posible, Señor Hermano Zeus.

-Aún me gusta mucho el teléfono –dijo Hestia-, pero cuando una no está en casa y te dejan el mensaje en la contestadora, a veces es cortado por la máquina. Voto al sí.

-Me parece una chatarra total, pero no es inútil –dijo Ares-. Voto al sí.

-Los computadores son artefactos fascinantes –dijo Hefesto-, y la verdad es que me alegra que el Señor Hermes los proponga. Voto al sí.

-La verdad es que me encanta esto y quiero un correo bien bonito –dijo una feliz Afrodita-. Voto al sí.

-El Internet es un arma de doble filo –empezó Atenea-, donde he visto que se puede encontrar gran conocimiento y gran necedad al mismo tiempo. Hay elementos que me interesan y otros que no. El uso de la carretera en sí debería quedar al gusto personal, por lo que detalles como los usos eróticos no deberían interferir con la opinión sobre el servicio de correo electrónico que el Señor Hermano Hermes propone. Voto al sí en lo que respecta hoy.

-Voto al sí –dijo Apolo, sonriendo-. La Señora Hermana Atenea dice cosas muy ciertas, aparte que he ayudado a probar el servidor de Hermes y les aseguro que está genial. Se echa de menos el tono de voz del teléfono, pero tenemos que intentarlo y modernizarnos.

-Yo casi nunca estoy en lugares con computadores, como le pasa al Señor Tío Poseidón –se encogió de hombros Artemisa-. Yo digo que no pero hagan lo que quieran.

-Uuuuh, ¿ya terminamos? –Dionisio se despertó con un golpe de Artemisa-. Ni idea, pero si el Hermano Hermes dice que es bueno, le creo y voto al sí –y se puso a quitarse los papelitos de la cola de caballo.

-Obviamente voto al sí –dijo por último Hermes.

-¿Algún voto negativo de parte de los dioses menores? –preguntó Zeus, y nadie respondió-. Bien, entonces la mayoría está a favor, y yo pronunciaré mi voto final. Me parece que la única desventaja que tienen los correos electrónicos al lado de una carta normal es que no se puedan tener físicamente en la mano…

-Si se me permite, Señor Padre –interrumpió Atenea-. Es posible pasarlos al papel con una impresora, si es de su gusto –Hermes y Apolo asintieron.

-¡Ah, si es así puedo votar al sí con confianza! De todos modos, contestando a Poseidón y Artemisa, igual resulta imposible a Hermes encontrarles cuando se van de aventuras, desde que perdimos nuestra magnificencia. Revisen sus correos como revisan su correspondencia común al volver a la civilización, ustedes dos. Y hay que buscar una forma de instalar el Internet en casa de Deméter. De eso y de instruir a todos quedas responsable, Hermes.

-Con gusto, Señor Padre.

-Bien, se levanta la sesión.

Todos se pusieron de pie, y Hermes se restregó las manos. ¿Más libertad en el trabajo y nuevos caminos que abrir, todo a la vez? Benditos los inventos de los mortales.
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