[Original: Ambrosía] Medio punto de vista
Jul. 29th, 2011 06:30 pmPanteón: Nórdico
Título: Medio Punto de Vista
Género: Fantasía, aaaaaaaaaaangst.
Resumen: Un ciego entra a una cabaña y sale con una nueva perspectiva.
Después de invitar al recién llegado a que se sentara a la humilde mesa de madera, él llenó un cuenco de sopa recién hecha del caldero en la chimenea. El estado lamentable y andrajoso del joven le hacía parecer mucho mayor de lo que era, aunque tampoco la apariencia podía indicar la edad de ninguno de la raza de ellos. Tales cosas sólo aplicaban a los seres humanos que nunca podrían evitar la vejez. En todo caso, lo primero era darle de comer al pobre desgraciado. Recorrer un bosque de noche, tan sólo con un bastón de guía, no era agradable ni para un antiguo dios.
-Espero que no te ofendas si te ofrezco un abrigo y zapatos de segunda mano. Estás en harapos.
-No me ofendo -el joven no volteó a mirarlo, no era algo que necesitara hacer-. Hace siglos que no tengo derecho a tener orgullo. Ahora vivo de limosnas y caridad de los descendientes más afortunados de Rig.
-Es una verdadera pena, chico.
-Esto, señor Mimir. ¿No piensa avisarle que estoy aquí?
-¿A quién, a tu padre? ¿A tu asesino? Claro que no, eso sólo causaría disgustos a todos los bandos. En todo caso, ya no puedes morir otra vez. Como yo tampoco.
Mimir hizo como que se rascaba la barba, pero con un dedo se tocaba una cicatriz en el cuello. Era más bien una línea que atravesaba toda la periferia en perfecto círculo. Lo cual no era extraño, ya que una vez hace eones había muerto decapitado.
A pesar de sus palabras, el joven no estaba tranquilo ni tocaba su potaje.
-Pero usted es su consejero. Odín siempre iba a su pozo a preguntarle cosas. ¿No estamos...?
-Mi pozo, al igual que la raíz del Árbol de la que colgaba, se han esfumado. Al igual que el Árbol como tal. Y todos los mundos que dependían de él menos Midgard, la tierra de los hombres.
-Ya sé que estamos en Midgard -el joven sonó exasperado-. Eso es evidente hasta para un ciego necio como yo.
-Claro. Ninguno de los hijos de la señora Frigg es un idiota -El huésped volvió a revolverse incómodo. El muchacho no quería seguir hablando de su madre-. ¿A eso vienes entonces? ¿A hacer preguntas sobre nuestra situación, de ex-muerto a ex-muerto?
-No creo que me merezca conocimientos de ningún tipo, Mimir. Lo único que venía a saber cómo abrir el camino a los otros ocho mundos. Pero acaba de decir...
-Escúchame, que siempre ha sido lo que mejor sabías hacer. Por desgracia, antes de darte esa respuesta debías formular otras preguntas, porque sólo así entenderías la falta de camino que nos atiene. ¿Estamos bien?
-...De acuerdo. Pero si es una trampa para retenerme mientras llega alguien a buscarme, que su cabeza finalmente se pudra.
-Si bien ayudo a Odín y tengo lealtades hacia él, no quiero traicionarte. No tengas miedo y bebe tu sopa de una vez.
"Estoy seguro que pasó igual contigo. Un día tu alma no despertó sentado en su silla de los salones de Helheim. En su lugar, tenías un cuerpo sólido y entero y lleno de colores, y los rayos del Sol calentaban tu cara. Cuando preguntas, todos piensan que estás loco. Nadie está muerto, nadie cree que Hel existe, nadie cree en los Aesir pero sí en otro dios que jamás has conocido. Es Midgard, sí, pero los humanos parecen distintos. Cuando intentas usar cualquier habilidad propia de un dios, no parece que funcione del todo bien, aunque puede que un hechizo mágico aún sirva. Estás vivo, sí, pero te sientes más débil y pesado que lo que solías ser. De repente eres un hombre, y tu nombre sólo es parte de una historia.
-Así es, pero hay una diferencia con los hombres...
-Ajá. Por más que te hieran, por más que te enfermes, por más años que pasen, no falleces otra vez. Eres una especie de inmortal. Y no envejeces aunque no hayas comido una manzana de Idun desde hace eras. ¿No es irónico? Tanto que queríamos los dioses vivir para siempre, pero ahora que podemos no somos dioses siquiera.
-Hasta ahora no me ha dicho nada que yo no sepa. ¿Por qué estamos acá? ¿Cómo regresamos?
-Es sólo el principio de mi discurso. ¿Por qué, dices? No estamos seguros. La teoría más aceptada es que al perder el culto de los humanos de Midgard, hemos perdido nuestros poderes. Y como para ellos ya no existe Yggdrasil y los otros mundos, entonces todo lo que no es Midgard y lo esencial para su vida se han ido para siempre. Como vivimos como ideas inmortales, seguiremos acá entre los hombres, de alguna forma en carne y hueso. Pero el problema es que no es posible regresar a algo que no existe. Si buscabas volver a Asgard, tengo que darte esta mala noticia.
-En realidad... buscaba volver a Helheim.
-¿En serio? ¿Te... sentías cómodo ahí?
-Ya me había acostumbrado, pero no. Simplemente siento que debo continuar mi castigo. Es la prisión por mi pecado.
-Sé que me lo has dicho antes en Hel, hijo, pero refréscame la memoria. ¿Fue intencional?
El joven se mesó las greñas oscuras y sucias. Mimir sabía que no derramaba lágrimas sólo porque ya se le habían secado por dentro.
-...Cómo podría hacer tal cosa. Ese maldito hombre me engañó. Pensaba que nuestra madre se había asegurado de evitar una desgracia así. Pensaba que la lanza rebotaría como las otras. Es verdad que mi insignificancia y discapacidad eran una desgracia para mi familia, y que él era el favorito de todos y siempre sería invisible a su lado para los demás, pero nunca podría albergar rencor homicida. ¿Quién aparte de Loki y su hija podría desearle el mal a mi pobre hermano? Pero nadie en Asgard me cree o me lo perdona.
-Yo sí. Mira, Hodr, ya que no puedes salir de aquí, tómate todo esto como una segunda oportunidad. O que el destino te está dando una compensación.
-No deseo otra oportunidad. No puedo olvidar. Que no sea del todo culpable no cambia el hecho que murió de mi mano. Ni que consideraron que debía morir sin chance a explicarme. El que merece volver es...
Hodr levantó la cabeza, si bien no podía dirigir la mirada a Mimir por carecer de una.
-Mimir, ¿todos los Aesir muertos están de regreso a Midgard como usted y yo?
-No todos.
-¿...Balder?
-Es complicado, porque en cuerpo ha vuelto a la vida. Sin embargo, ha sido expuesto a un ambiente tan opuesto a su naturaleza por demasiado tiempo. Su espíritu duerme como en un coma, y tus padres están esperando al momento preciso en que regrese a la normalidad. No pongas esa cara, que tenemos toda la eternidad y algún día tu gemelo estará como antes.
-Me alivia escuchar eso. Al menos algo bueno sale de este desastre.
Hodr casi esboza una sonrisa pero se contuvo.
-Un momento, Mimir. ¿Los demás Aesir están en Midgard?
-¿Dónde si no? Cuando dije que acabamos aquí, me refería a la mayoría de los dioses. No sabemos dónde están los demás, pero la teoría más aceptada era que los que son recordados con más intensidad por los humanos son los que continúan caminando. Y no sólo hablo de Aesir y Vanir. Los dioses de Roma andan dando vueltas por todo el mundo, y Odín lleva medio milenio intentando formar una alianza con su rey. Es difícil cuando hay tantos egos involucrados. Y no somos los únicos panteones abandonados por estas nuevas religiones monoteístas, chico.
-Ah...
-Ya te he dicho que tu vida no corre peligro; te repito que nadie te puede matar. Sin embargo, no te aconsejaría que pasaras a visitar a Balder, porque no puedo asegurarte que te den la bienvenida como lo hice yo. Es injusto, lo sé, pero es así.
-Descuide, no quería hacerlo de todos modos. Incluso creo que me da más miedo verlo a él que a cualquiera. Con saber que está vivo me basta.
-Muy curioso. En fin, deja te caliento la sopa y te busco ropas mejores. Tengo una cama para huéspedes; utiliza esta noche de sueño para aclarar las ideas y decidir qué ruta quieres seguir. Mañana te haré un regalo de despedida.
********
A la mañana siguiente, Hodr se había bañado, afeitado y vestido con lo que le había dado su anfitrión. Ahora que tenía el cabello amarrado y no encima de la cara, Mimir pensó que era curioso que de todos los hijos de Frigg, fuese él el que más se parecía a su padre. Balder tenía los mejores rasgos de sus progenitores, mientras que Hermod salió al lado de su madre. De hecho, eso resultaba a favor de la idea que había tenido Mimir esa noche antes de quedarse dormido.
Ambos se sentaron a desayunar pan con queso y jugo de manzana. Mimir quería continuar la conversación de la noche anterior, por menos que le gustara a su interlocutor.
-¿Cómo pasaste la noche, chico?
-Ah. Um. Bien, gracias.
-¿Adónde piensas ir ahora que sabes que tu "prisión" fue destruída?
-¿A ninguna parte? ¿Vagaré por el resto de la eternidad? No puedo hacer mucho más.
-Sigo pensando que deberías tomarlo como una segunda oportunidad. Seguir como estás no es vivir, Hodr.
-¿Y cuál es su consejo?
-Haz una vida nueva. Busca un trabajo, o una amante, o una meta, o algo que mantenga tu mente y cuerpo ocupados de tus malos recuerdos. Si te quedas quieto, no avanzas.
-Eso es muy fácil de decir. Pero no se da cuenta de sus privilegios. Si pudiera conseguir un oficio, hace años que lo tendría. Pero siempre me toparé con el mismo problema.
-No creo enten... ¡Oh!
Hodr se encogió de hombros. La acción irritó a Mimir.
-Sabes, existen varios trabajos para gente ciega. Si de verdad quisieras, podrías aprender un oficio que no dependa de la vista. A Tyr le falta una mano, pero ha encontrado numerosas cosas que hacer en Midgard que no necesitan ambas. Tu problema no son tus ojos, sino que le tienes miedo a la vida. Simplemente te es más cómodo tirarte en medio de una calle y compadecerte de ti mismo.
-Yo...
-No pongas excusas.
Hodr se quedó un rato meditando, no sin fruncir el ceño.
-Aunque encontrara un camino y un oficio y un amor, sigo pensando que es injusto que alguien que ha matado a su hermano salga libre.
-Yo pienso que todo tu destino es injusto, chico. Por supuesto, jamás se lo diría a tu padre... él mismo no se da cuenta de la hipocresía que cometió al ser cegado por el dolor. Tú obtuviste una carga de penas por algo que nunca quisiste hacer, y ninguno de los Aesir se quejó una vez; mientras, Vali nace sólo para destruirte, nunca le castigan por ello porque era lo que querían de él, y jamás estuvo destinado a morir.
-No debería de llamar a su rey un hipócrita.
-Que quede entre nos. Pero tú debes de pensar igual. Me extraña que no sientas más resentimiento contra ellos que del que sientes contra ti mismo.
-No es resentimiento, sólo tristeza. Me da igual que ese tipo no haya sido castigado. Es la falta de... no sé. Mis padres ya me dejaron de dirigir la palabra cuando las pesadillas de Balder y de mamá empezaron. Me contó la señora Hel que Hermod ni preguntó por mí cuando fue a negociar, y que no se molestaron en darme ni un humilde funeral. Todas las lágrimas fueron a Balder. Nadie lloraría mi muerte, Mimir.
El acto reflejo de cualquier persona compasiva, en una conversación así, sería dar palabras de aliento del tipo "eso no es cierto", pero Mimir sabía que sería una mentira. Si alguna vez los Aesir amaron o respetaron a Hodr, ciertamente habían perdido esos sentimientos mucho tiempo atrás. Era por eso también que había aconsejado que no los buscara, porque nada iba a cambiar y ellos no podrían perdonarlo públicamente jamás. Nada de esto ayudaría al dios ciego.
Mas había una cosita en la que Mimir no estaba de acuerdo, y prefirió morderse la lengua para no empeorar la conversación. Por supuesto que había una persona que hubiese llorado un río por Hodr si lo supiera: su mismo hermano gemelo, Balder. Qué cruel el destino.
-Deja de caminar como los cangrejos. Te estoy diciendo que no mires al pasado, sino al camino que se te abre hoy. Aprende a hacer tuyas las injusticias y persigue lo que esté en tu favor. Si sigues compadeciéndote y huyendo de la realidad, no te daré el regalo que te prometí.
-¿Regalo? ¿Por qué insiste en darme algo, Mimir?
-Eso mismo me pregunto yo cada vez que abres la boca. Eres exasperante. Pero es verdad que en nuestra estadía en Helheim eras buena compañía, y por eso siento que deberías de recuperar la paz que casi habías conseguido allí.
-Tampoco estaba todo el tiempo.
-Culpa de tu viejo por seguir preguntando cosas a mi cabeza. Era una buena distracción y me sentía útil -Mimir rió y Hodr asintió-. En todo caso, seas o no un criminal, quiero que vivas. Tu problema es que no miras adelante ni con anteojeras. Así que he pensado, ¿qué pasará si te quito las excusas más tontas?
Mimir se levantó y fue hasta su habitación. Aunque Hodr seguía en la mesa, él estaba consciente que el muchacho escuchaba todos los movimientos que estaba haciendo. De todas formas, levantó una tabla del piso y sacó dos pequeños cofres de cobre. Regresó a la sala principal y depositó los dos tesoros en la tabla, entre ambos.
-¿Sabes qué tengo aquí, Hodr?
Hodr negó con la cabeza.
-Aunque el pozo que cuidaba se ha ido, con magia logré convocar las dos ofrendas que yacían en su fondo. Son los sacrificios hechos para obtener un trago del agua de la sabiduría.
-¿O-Odín sabe que los tiene?
-No veo porqué. Si fuesen algo a recuperar, no serían realmente un sacrificio. Dudo mucho que él los quiera de vuelta, y a mí no me sirven de nada. Por lo tanto...
-¡Un momento, un momento! -Hodr se puso de pie, alarmado.
-La vista de un ojo es mejor que la vista de ninguno. A caballo regalado no le mires las patas extras.
-Él no querría que el hijo que odia usara su ojo. Yo no quiero nada de él.
-¡Pues mira qué suerte! El ojo no pertenece a Odín porque lo dio como pago por el sorbo. Esto propiedad mía, que lo saqué del pozo, así que puedo hacer con él lo que me venga en gana. Y fíjate, tengo ganas de dárselo a un mendigo ciego que pasaba por aquí. Comida, cama por una noche, ropas, un ojo: todo por caridad.
Hodr se mordió los labios. Claramente él siempre había soñado con poder ver como los otros dioses y la mayoría de los humanos. Por otro lado, estaban sus complejos de inferioridad.
-¿Cuál es el precio?
-Te dije que es por caridad, chico.
-¡Es como dar una corona de oro de limosna! Este ojo fue el equivalente a sabiduría en mejores días; creo que tengo que dar algo grande a cambio. Insisto.
-Esto ya no es el pozo...
-¡Da igual!
-Bueno. A cambio del ojo, debes dejar en esta cabaña uno de los pocos sentimientos que tienes. ¿Qué te parece la cobardía?
-...Pero la cobardía es un sentimiento negativo.
-Lo es, pero es el único que te motiva y por lo tanto es el más fuerte que tienes. No sientes el suficiente amor ni odio para que te alcance. Si pudiera te quitaría la tristeza, pero sobrepasa el valor del ojo.
-¿Y qué haría con cobardía?
-No te creas, que si se pule bien puede ser refinada en prudencia.
Hodr suspiró en derrota.
-Muy bien, ¿qué es lo que tengo que hacer ahora?
-Sólo cierra los ojos mientras hago el hechizo de intercambio -dijo Mimir mientras abría el cofre más pequeño, y encontró un ojo humedecido reposando en fieltro rojo-. ¿Eras diestro, no?
********
-Ya puedes abrir los ojos, Hodr. No te asustes.
A pesar de la advertencia, se cayó de la silla de la impresión. Incluso al incorporarse, no podía de dejar de mover la cabeza en todas direcciones.
-¿Es... esto ver?
-Con un ojo, sí. Los que tenemos dos ojos buenos tenemos un rango mayor. Recuerda que sigues siendo ciego por el lado izquierdo.
Hodr dirigió su mirada hacia Mimir por primera vez. Su ojo nuevo era azul y contrastaba con el ojo negro que siempre había tenido, pero por fortuna tenían la misma forma y tamaño.
-Le veo, pero no entiendo nada. No sé cómo llamar las formas que tengo delante.
-Ya aprenderás, que no eres nada tonto aunque sí necio. ¿La vista te da miedo?
-...Ahora que lo pienso, no. Estoy emocionado.
-Vaya, entonces en algo ha ayudado el trueque. ¿Te traigo un espejo o no quieres ver tu cara?
-Debería de no querer, ya que seguro soy repulsivo en apariencia si ninguna Asynja o giganta se interesó en mí.
-Qué va, hijo, tu cara siempre fue normal. Descuidada, pero normal. El problema tuyo es que ibas a las asambleas con Balder, y a su lado quién iba a fijarse en ti. También tenías un par de kilos de más cuando estabas vivo, si me preguntan, pero ahora más bien estás demasiado flaco.
-Igual quiero conocerme. Ahora que no soy un cobarde, me gusta enfrentarme a las cosas.
Hodr se estudió las facciones con calma y curiosidad. Hizo un comentario sobre que ahora sabía cuál era el color negro, señalando su propio cabello azabache. Mimir tuvo que enseñarle los colores por toda la casa, al igual que reconocer las emociones de las personas según las expresiones de sus caras. Hodr trató de practicarlas, pero la tristeza en su ojo ciego nulificaba cualquier sonrisa, y la osadía en el ojo de Odín le daba demasiado impacto. La lección sólo duró una hora y abarcó cosas muy simples e intangibles, ya que todo lo demás tendría tiempo de sobra para entenderlo en el camino.
Finalmente llegó el momento de la despedida.
-Gracias, señor Mimir. La verdad es que no sé lo que voy a hacer y aún no me siento cómodo con esta segunda oportunidad, pero ya no le temo al camino.
-Entonces da el primer paso, chico. Es mejor que no te detenga más o se te hará de noche.
-No hay mucha diferencia. ¿Que no era la noche igual a como era mi vida sin este ojo? La oscuridad y el frío son mis elementos.
-Por otra parte, no verás los colores y formas del paisaje.
-Ah, es verdad. Entonces me daré prisa.
-Tampoco hay necesidad, que tienes toda la eternidad. Y avisa cuando quieras venir de visita. Aprende a leer y escribir y mándame una carta con la dirección que te di.
-Sé leer y escribir, pero en relieve de piedra.
-Especialízate en papel y tinta mejor. Cuídate y más te vale que busques un trabajo, o te quito el maldito ojo.
-Cuídese también. Y si despierta Balder... no, mejor olvídelo. No me da miedo que me odie pero no sé qué decirle tampoco. Unas disculpas saben a nada.
-Bueno, bueno. No pienses más en ello. ¡Hasta pronto!
Con una inclinación de cabeza como saludo, Hodr bajó el camino del bosque hacia el pueblo. Qué cosas, pensó Mimir. El chico de verdad había creído que le habían quitado la cobardía. No le importaba decir mentiras blancas ni regalar ofrendas al pozo si al final daba resultados; si le duraba el valor estaba por verse pero valía la pena probar con un poco de psicología. Si el viejo Hodr "moría" en Midgard y conseguía su propia importancia sin el destino interfiriendo... ¿sería una ventaja más de la cancelación del Ragnarok, tal vez? Pero como dijo, tenían una eternidad para seguir todos los caminos que quisieran.
Título: Medio Punto de Vista
Género: Fantasía, aaaaaaaaaaangst.
Resumen: Un ciego entra a una cabaña y sale con una nueva perspectiva.
Después de invitar al recién llegado a que se sentara a la humilde mesa de madera, él llenó un cuenco de sopa recién hecha del caldero en la chimenea. El estado lamentable y andrajoso del joven le hacía parecer mucho mayor de lo que era, aunque tampoco la apariencia podía indicar la edad de ninguno de la raza de ellos. Tales cosas sólo aplicaban a los seres humanos que nunca podrían evitar la vejez. En todo caso, lo primero era darle de comer al pobre desgraciado. Recorrer un bosque de noche, tan sólo con un bastón de guía, no era agradable ni para un antiguo dios.
-Espero que no te ofendas si te ofrezco un abrigo y zapatos de segunda mano. Estás en harapos.
-No me ofendo -el joven no volteó a mirarlo, no era algo que necesitara hacer-. Hace siglos que no tengo derecho a tener orgullo. Ahora vivo de limosnas y caridad de los descendientes más afortunados de Rig.
-Es una verdadera pena, chico.
-Esto, señor Mimir. ¿No piensa avisarle que estoy aquí?
-¿A quién, a tu padre? ¿A tu asesino? Claro que no, eso sólo causaría disgustos a todos los bandos. En todo caso, ya no puedes morir otra vez. Como yo tampoco.
Mimir hizo como que se rascaba la barba, pero con un dedo se tocaba una cicatriz en el cuello. Era más bien una línea que atravesaba toda la periferia en perfecto círculo. Lo cual no era extraño, ya que una vez hace eones había muerto decapitado.
A pesar de sus palabras, el joven no estaba tranquilo ni tocaba su potaje.
-Pero usted es su consejero. Odín siempre iba a su pozo a preguntarle cosas. ¿No estamos...?
-Mi pozo, al igual que la raíz del Árbol de la que colgaba, se han esfumado. Al igual que el Árbol como tal. Y todos los mundos que dependían de él menos Midgard, la tierra de los hombres.
-Ya sé que estamos en Midgard -el joven sonó exasperado-. Eso es evidente hasta para un ciego necio como yo.
-Claro. Ninguno de los hijos de la señora Frigg es un idiota -El huésped volvió a revolverse incómodo. El muchacho no quería seguir hablando de su madre-. ¿A eso vienes entonces? ¿A hacer preguntas sobre nuestra situación, de ex-muerto a ex-muerto?
-No creo que me merezca conocimientos de ningún tipo, Mimir. Lo único que venía a saber cómo abrir el camino a los otros ocho mundos. Pero acaba de decir...
-Escúchame, que siempre ha sido lo que mejor sabías hacer. Por desgracia, antes de darte esa respuesta debías formular otras preguntas, porque sólo así entenderías la falta de camino que nos atiene. ¿Estamos bien?
-...De acuerdo. Pero si es una trampa para retenerme mientras llega alguien a buscarme, que su cabeza finalmente se pudra.
-Si bien ayudo a Odín y tengo lealtades hacia él, no quiero traicionarte. No tengas miedo y bebe tu sopa de una vez.
"Estoy seguro que pasó igual contigo. Un día tu alma no despertó sentado en su silla de los salones de Helheim. En su lugar, tenías un cuerpo sólido y entero y lleno de colores, y los rayos del Sol calentaban tu cara. Cuando preguntas, todos piensan que estás loco. Nadie está muerto, nadie cree que Hel existe, nadie cree en los Aesir pero sí en otro dios que jamás has conocido. Es Midgard, sí, pero los humanos parecen distintos. Cuando intentas usar cualquier habilidad propia de un dios, no parece que funcione del todo bien, aunque puede que un hechizo mágico aún sirva. Estás vivo, sí, pero te sientes más débil y pesado que lo que solías ser. De repente eres un hombre, y tu nombre sólo es parte de una historia.
-Así es, pero hay una diferencia con los hombres...
-Ajá. Por más que te hieran, por más que te enfermes, por más años que pasen, no falleces otra vez. Eres una especie de inmortal. Y no envejeces aunque no hayas comido una manzana de Idun desde hace eras. ¿No es irónico? Tanto que queríamos los dioses vivir para siempre, pero ahora que podemos no somos dioses siquiera.
-Hasta ahora no me ha dicho nada que yo no sepa. ¿Por qué estamos acá? ¿Cómo regresamos?
-Es sólo el principio de mi discurso. ¿Por qué, dices? No estamos seguros. La teoría más aceptada es que al perder el culto de los humanos de Midgard, hemos perdido nuestros poderes. Y como para ellos ya no existe Yggdrasil y los otros mundos, entonces todo lo que no es Midgard y lo esencial para su vida se han ido para siempre. Como vivimos como ideas inmortales, seguiremos acá entre los hombres, de alguna forma en carne y hueso. Pero el problema es que no es posible regresar a algo que no existe. Si buscabas volver a Asgard, tengo que darte esta mala noticia.
-En realidad... buscaba volver a Helheim.
-¿En serio? ¿Te... sentías cómodo ahí?
-Ya me había acostumbrado, pero no. Simplemente siento que debo continuar mi castigo. Es la prisión por mi pecado.
-Sé que me lo has dicho antes en Hel, hijo, pero refréscame la memoria. ¿Fue intencional?
El joven se mesó las greñas oscuras y sucias. Mimir sabía que no derramaba lágrimas sólo porque ya se le habían secado por dentro.
-...Cómo podría hacer tal cosa. Ese maldito hombre me engañó. Pensaba que nuestra madre se había asegurado de evitar una desgracia así. Pensaba que la lanza rebotaría como las otras. Es verdad que mi insignificancia y discapacidad eran una desgracia para mi familia, y que él era el favorito de todos y siempre sería invisible a su lado para los demás, pero nunca podría albergar rencor homicida. ¿Quién aparte de Loki y su hija podría desearle el mal a mi pobre hermano? Pero nadie en Asgard me cree o me lo perdona.
-Yo sí. Mira, Hodr, ya que no puedes salir de aquí, tómate todo esto como una segunda oportunidad. O que el destino te está dando una compensación.
-No deseo otra oportunidad. No puedo olvidar. Que no sea del todo culpable no cambia el hecho que murió de mi mano. Ni que consideraron que debía morir sin chance a explicarme. El que merece volver es...
Hodr levantó la cabeza, si bien no podía dirigir la mirada a Mimir por carecer de una.
-Mimir, ¿todos los Aesir muertos están de regreso a Midgard como usted y yo?
-No todos.
-¿...Balder?
-Es complicado, porque en cuerpo ha vuelto a la vida. Sin embargo, ha sido expuesto a un ambiente tan opuesto a su naturaleza por demasiado tiempo. Su espíritu duerme como en un coma, y tus padres están esperando al momento preciso en que regrese a la normalidad. No pongas esa cara, que tenemos toda la eternidad y algún día tu gemelo estará como antes.
-Me alivia escuchar eso. Al menos algo bueno sale de este desastre.
Hodr casi esboza una sonrisa pero se contuvo.
-Un momento, Mimir. ¿Los demás Aesir están en Midgard?
-¿Dónde si no? Cuando dije que acabamos aquí, me refería a la mayoría de los dioses. No sabemos dónde están los demás, pero la teoría más aceptada era que los que son recordados con más intensidad por los humanos son los que continúan caminando. Y no sólo hablo de Aesir y Vanir. Los dioses de Roma andan dando vueltas por todo el mundo, y Odín lleva medio milenio intentando formar una alianza con su rey. Es difícil cuando hay tantos egos involucrados. Y no somos los únicos panteones abandonados por estas nuevas religiones monoteístas, chico.
-Ah...
-Ya te he dicho que tu vida no corre peligro; te repito que nadie te puede matar. Sin embargo, no te aconsejaría que pasaras a visitar a Balder, porque no puedo asegurarte que te den la bienvenida como lo hice yo. Es injusto, lo sé, pero es así.
-Descuide, no quería hacerlo de todos modos. Incluso creo que me da más miedo verlo a él que a cualquiera. Con saber que está vivo me basta.
-Muy curioso. En fin, deja te caliento la sopa y te busco ropas mejores. Tengo una cama para huéspedes; utiliza esta noche de sueño para aclarar las ideas y decidir qué ruta quieres seguir. Mañana te haré un regalo de despedida.
********
A la mañana siguiente, Hodr se había bañado, afeitado y vestido con lo que le había dado su anfitrión. Ahora que tenía el cabello amarrado y no encima de la cara, Mimir pensó que era curioso que de todos los hijos de Frigg, fuese él el que más se parecía a su padre. Balder tenía los mejores rasgos de sus progenitores, mientras que Hermod salió al lado de su madre. De hecho, eso resultaba a favor de la idea que había tenido Mimir esa noche antes de quedarse dormido.
Ambos se sentaron a desayunar pan con queso y jugo de manzana. Mimir quería continuar la conversación de la noche anterior, por menos que le gustara a su interlocutor.
-¿Cómo pasaste la noche, chico?
-Ah. Um. Bien, gracias.
-¿Adónde piensas ir ahora que sabes que tu "prisión" fue destruída?
-¿A ninguna parte? ¿Vagaré por el resto de la eternidad? No puedo hacer mucho más.
-Sigo pensando que deberías tomarlo como una segunda oportunidad. Seguir como estás no es vivir, Hodr.
-¿Y cuál es su consejo?
-Haz una vida nueva. Busca un trabajo, o una amante, o una meta, o algo que mantenga tu mente y cuerpo ocupados de tus malos recuerdos. Si te quedas quieto, no avanzas.
-Eso es muy fácil de decir. Pero no se da cuenta de sus privilegios. Si pudiera conseguir un oficio, hace años que lo tendría. Pero siempre me toparé con el mismo problema.
-No creo enten... ¡Oh!
Hodr se encogió de hombros. La acción irritó a Mimir.
-Sabes, existen varios trabajos para gente ciega. Si de verdad quisieras, podrías aprender un oficio que no dependa de la vista. A Tyr le falta una mano, pero ha encontrado numerosas cosas que hacer en Midgard que no necesitan ambas. Tu problema no son tus ojos, sino que le tienes miedo a la vida. Simplemente te es más cómodo tirarte en medio de una calle y compadecerte de ti mismo.
-Yo...
-No pongas excusas.
Hodr se quedó un rato meditando, no sin fruncir el ceño.
-Aunque encontrara un camino y un oficio y un amor, sigo pensando que es injusto que alguien que ha matado a su hermano salga libre.
-Yo pienso que todo tu destino es injusto, chico. Por supuesto, jamás se lo diría a tu padre... él mismo no se da cuenta de la hipocresía que cometió al ser cegado por el dolor. Tú obtuviste una carga de penas por algo que nunca quisiste hacer, y ninguno de los Aesir se quejó una vez; mientras, Vali nace sólo para destruirte, nunca le castigan por ello porque era lo que querían de él, y jamás estuvo destinado a morir.
-No debería de llamar a su rey un hipócrita.
-Que quede entre nos. Pero tú debes de pensar igual. Me extraña que no sientas más resentimiento contra ellos que del que sientes contra ti mismo.
-No es resentimiento, sólo tristeza. Me da igual que ese tipo no haya sido castigado. Es la falta de... no sé. Mis padres ya me dejaron de dirigir la palabra cuando las pesadillas de Balder y de mamá empezaron. Me contó la señora Hel que Hermod ni preguntó por mí cuando fue a negociar, y que no se molestaron en darme ni un humilde funeral. Todas las lágrimas fueron a Balder. Nadie lloraría mi muerte, Mimir.
El acto reflejo de cualquier persona compasiva, en una conversación así, sería dar palabras de aliento del tipo "eso no es cierto", pero Mimir sabía que sería una mentira. Si alguna vez los Aesir amaron o respetaron a Hodr, ciertamente habían perdido esos sentimientos mucho tiempo atrás. Era por eso también que había aconsejado que no los buscara, porque nada iba a cambiar y ellos no podrían perdonarlo públicamente jamás. Nada de esto ayudaría al dios ciego.
Mas había una cosita en la que Mimir no estaba de acuerdo, y prefirió morderse la lengua para no empeorar la conversación. Por supuesto que había una persona que hubiese llorado un río por Hodr si lo supiera: su mismo hermano gemelo, Balder. Qué cruel el destino.
-Deja de caminar como los cangrejos. Te estoy diciendo que no mires al pasado, sino al camino que se te abre hoy. Aprende a hacer tuyas las injusticias y persigue lo que esté en tu favor. Si sigues compadeciéndote y huyendo de la realidad, no te daré el regalo que te prometí.
-¿Regalo? ¿Por qué insiste en darme algo, Mimir?
-Eso mismo me pregunto yo cada vez que abres la boca. Eres exasperante. Pero es verdad que en nuestra estadía en Helheim eras buena compañía, y por eso siento que deberías de recuperar la paz que casi habías conseguido allí.
-Tampoco estaba todo el tiempo.
-Culpa de tu viejo por seguir preguntando cosas a mi cabeza. Era una buena distracción y me sentía útil -Mimir rió y Hodr asintió-. En todo caso, seas o no un criminal, quiero que vivas. Tu problema es que no miras adelante ni con anteojeras. Así que he pensado, ¿qué pasará si te quito las excusas más tontas?
Mimir se levantó y fue hasta su habitación. Aunque Hodr seguía en la mesa, él estaba consciente que el muchacho escuchaba todos los movimientos que estaba haciendo. De todas formas, levantó una tabla del piso y sacó dos pequeños cofres de cobre. Regresó a la sala principal y depositó los dos tesoros en la tabla, entre ambos.
-¿Sabes qué tengo aquí, Hodr?
Hodr negó con la cabeza.
-Aunque el pozo que cuidaba se ha ido, con magia logré convocar las dos ofrendas que yacían en su fondo. Son los sacrificios hechos para obtener un trago del agua de la sabiduría.
-¿O-Odín sabe que los tiene?
-No veo porqué. Si fuesen algo a recuperar, no serían realmente un sacrificio. Dudo mucho que él los quiera de vuelta, y a mí no me sirven de nada. Por lo tanto...
-¡Un momento, un momento! -Hodr se puso de pie, alarmado.
-La vista de un ojo es mejor que la vista de ninguno. A caballo regalado no le mires las patas extras.
-Él no querría que el hijo que odia usara su ojo. Yo no quiero nada de él.
-¡Pues mira qué suerte! El ojo no pertenece a Odín porque lo dio como pago por el sorbo. Esto propiedad mía, que lo saqué del pozo, así que puedo hacer con él lo que me venga en gana. Y fíjate, tengo ganas de dárselo a un mendigo ciego que pasaba por aquí. Comida, cama por una noche, ropas, un ojo: todo por caridad.
Hodr se mordió los labios. Claramente él siempre había soñado con poder ver como los otros dioses y la mayoría de los humanos. Por otro lado, estaban sus complejos de inferioridad.
-¿Cuál es el precio?
-Te dije que es por caridad, chico.
-¡Es como dar una corona de oro de limosna! Este ojo fue el equivalente a sabiduría en mejores días; creo que tengo que dar algo grande a cambio. Insisto.
-Esto ya no es el pozo...
-¡Da igual!
-Bueno. A cambio del ojo, debes dejar en esta cabaña uno de los pocos sentimientos que tienes. ¿Qué te parece la cobardía?
-...Pero la cobardía es un sentimiento negativo.
-Lo es, pero es el único que te motiva y por lo tanto es el más fuerte que tienes. No sientes el suficiente amor ni odio para que te alcance. Si pudiera te quitaría la tristeza, pero sobrepasa el valor del ojo.
-¿Y qué haría con cobardía?
-No te creas, que si se pule bien puede ser refinada en prudencia.
Hodr suspiró en derrota.
-Muy bien, ¿qué es lo que tengo que hacer ahora?
-Sólo cierra los ojos mientras hago el hechizo de intercambio -dijo Mimir mientras abría el cofre más pequeño, y encontró un ojo humedecido reposando en fieltro rojo-. ¿Eras diestro, no?
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-Ya puedes abrir los ojos, Hodr. No te asustes.
A pesar de la advertencia, se cayó de la silla de la impresión. Incluso al incorporarse, no podía de dejar de mover la cabeza en todas direcciones.
-¿Es... esto ver?
-Con un ojo, sí. Los que tenemos dos ojos buenos tenemos un rango mayor. Recuerda que sigues siendo ciego por el lado izquierdo.
Hodr dirigió su mirada hacia Mimir por primera vez. Su ojo nuevo era azul y contrastaba con el ojo negro que siempre había tenido, pero por fortuna tenían la misma forma y tamaño.
-Le veo, pero no entiendo nada. No sé cómo llamar las formas que tengo delante.
-Ya aprenderás, que no eres nada tonto aunque sí necio. ¿La vista te da miedo?
-...Ahora que lo pienso, no. Estoy emocionado.
-Vaya, entonces en algo ha ayudado el trueque. ¿Te traigo un espejo o no quieres ver tu cara?
-Debería de no querer, ya que seguro soy repulsivo en apariencia si ninguna Asynja o giganta se interesó en mí.
-Qué va, hijo, tu cara siempre fue normal. Descuidada, pero normal. El problema tuyo es que ibas a las asambleas con Balder, y a su lado quién iba a fijarse en ti. También tenías un par de kilos de más cuando estabas vivo, si me preguntan, pero ahora más bien estás demasiado flaco.
-Igual quiero conocerme. Ahora que no soy un cobarde, me gusta enfrentarme a las cosas.
Hodr se estudió las facciones con calma y curiosidad. Hizo un comentario sobre que ahora sabía cuál era el color negro, señalando su propio cabello azabache. Mimir tuvo que enseñarle los colores por toda la casa, al igual que reconocer las emociones de las personas según las expresiones de sus caras. Hodr trató de practicarlas, pero la tristeza en su ojo ciego nulificaba cualquier sonrisa, y la osadía en el ojo de Odín le daba demasiado impacto. La lección sólo duró una hora y abarcó cosas muy simples e intangibles, ya que todo lo demás tendría tiempo de sobra para entenderlo en el camino.
Finalmente llegó el momento de la despedida.
-Gracias, señor Mimir. La verdad es que no sé lo que voy a hacer y aún no me siento cómodo con esta segunda oportunidad, pero ya no le temo al camino.
-Entonces da el primer paso, chico. Es mejor que no te detenga más o se te hará de noche.
-No hay mucha diferencia. ¿Que no era la noche igual a como era mi vida sin este ojo? La oscuridad y el frío son mis elementos.
-Por otra parte, no verás los colores y formas del paisaje.
-Ah, es verdad. Entonces me daré prisa.
-Tampoco hay necesidad, que tienes toda la eternidad. Y avisa cuando quieras venir de visita. Aprende a leer y escribir y mándame una carta con la dirección que te di.
-Sé leer y escribir, pero en relieve de piedra.
-Especialízate en papel y tinta mejor. Cuídate y más te vale que busques un trabajo, o te quito el maldito ojo.
-Cuídese también. Y si despierta Balder... no, mejor olvídelo. No me da miedo que me odie pero no sé qué decirle tampoco. Unas disculpas saben a nada.
-Bueno, bueno. No pienses más en ello. ¡Hasta pronto!
Con una inclinación de cabeza como saludo, Hodr bajó el camino del bosque hacia el pueblo. Qué cosas, pensó Mimir. El chico de verdad había creído que le habían quitado la cobardía. No le importaba decir mentiras blancas ni regalar ofrendas al pozo si al final daba resultados; si le duraba el valor estaba por verse pero valía la pena probar con un poco de psicología. Si el viejo Hodr "moría" en Midgard y conseguía su propia importancia sin el destino interfiriendo... ¿sería una ventaja más de la cancelación del Ragnarok, tal vez? Pero como dijo, tenían una eternidad para seguir todos los caminos que quisieran.